Calaveras, pero no de azúcar

Flores de cempasúchil, altares y, seamos honestos, hasta dulces, son algunas de las imágenes que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en el Día de Muertos; sin embrago, existe otra representación que, de unos años para acá, se ha convertido en un símbolo de esta festividad: La Catrina, originalmente llamada “La Calavera Garbancera.” 

Su historia, en la que, aprovechando las fechas, nos enfocaremos hoy, no tiene nada que ver con una leyenda del estilo de “La Llorona” o “Cañitas”, sino más bien con una crítica social. 

Entre la burla y la protesta

Reírnos de nuestros problemas siempre ha sido parte de la cultura mexicana, y durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz estás burlas se podían encontrar en algunos periódicos en la forma de dibujos de cráneos y esqueletos acompañados de textos que criticaban las injusticias sociales que se vivían en el país. 

Entre los ilustradores que realizaban estos grabados estaba Constantino Escalante, Santiago Hernández (quien además fue un  Niño Héroe), Manuel Manilla y, por supuesto José Guadalupe Posada, autor de “La Calavera Garbancera”, la cual se burlaba de las personas que pretendían pasar por europeas portando ropas elegantes. 

¿Quién fue José Guadalupe Posada?

Aunque su familia nunca estuvo muy de acuerdo con su profesión, el pintor y caricaturista hidrocálido se inició en el grabado a los 16 años en el taller de Trinidad Pedroso, el cual lo introdujo al mundo del periodismo y la prensa gráfica. 

A través de los años, Posada publicó incontables caricaturas sociales inspiradas en la sociedad del siglo XX, las cuales inspiraron a artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y Octavio Paz; sin embargo, la obra por la que es más conocido y a la que le dedicamos el Newsletter de hoy, no fue publicada sino hasta después de su muerte, en noviembre de 1913.

“La  muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”

José Guadalupe Posada

¿Cómo entra Diego Rivera en esta historia? 

El nombre de La Catrina, ahora tan usado, no fue idea de Posada, sino de Diego Rivera, quien la bautizó así por significar “una persona elegante y presumida”. El pintor originario de Guanajuato, uso a esta figura esquelética como uno de los personajes principales del mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” el cual pintó en 1947 para el salón Versalles del Hotel del Prado. 

El mural muestra, además de a La Catrina, a José Guadalupe Posada y a Diego Reviera, quienes ocupan el espacio central e la representación, a otros muchos personajes de la historia de México, como Hernán Cortés, Sor Juana Inés de la Cruz, Maximiliano y Benito Juárez. 

Si te interesa conocerlo se encuentra actualmente en el Museo Mural De Diego Rivera.

La muerte no sólo es mexicana 

Representar la muerte como un esqueleto es algo común en más de una cultura y, por ende, en más de una obra de arte. Éstas son sólo algunas de las representaciones que existen; sin embrago, el cine y la literatura también están llenos de historias donde la muerte toma una forma física (dejaré los nombre Neil Gaiman y Terry Pratchett por aquí para quienes les guste la literatura).  

“Death and Fire” de Paul Klee

Las obras de este artista alemán inspiraron movimientos como el expresionismo y el cubismo. En esta pintura, además de la figura esquelética, la palabra “tod”, muerte en alemán, se puede encontrar en distintas partes de la composición.

“The Race Track (Death on a Pale Horse)” de Albert Pinkham Ryder

Ryder se inspiró en una carrera de caballos que tuvo lugar en Nueva York durante 1888. En ella, uno de sus amigos apostó $500 dólares y, después de perder, se suicidó. La obra, que muestra una serpiente en primer plano y un esqueleto a caballo, está llena de simbolismo medieval. 

“Death and Life” de Gustav Klimt

Pintada usando el estilo Art Nouveau (un estilo artístico que se inspira en las formas orgánicas, como las plantas) esta obra retrata a la muerte mientras observa a la vida; sin embargo, su contraparte no parece darle importancia a su presencia. 

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